Jaco fue un perro. Un ovejero alemán, que podría haber tenido "papeles" de pedigree, pero no era eso lo que importaba.Jaco fue un regalo de mi hermano para mi viejo, yo lo bauticé (escuchaba un CD de Jaco Pastorious), y este animal hizo por mi papá más de lo que nadie hubiese podido: un tipo duro, que cierra las puertas a las demostraciones de afecto, que no cruza su parte del puente para realmente acercarse a sus propios hijos, cae rendido ante ese amor incondicional e imparable de un perro. Podés entrenarlo, ordenarle a hacer cualquier cosa, pero no podés ordenarle que no te ame.
Fueron grandes compañeros durante casi ocho años, hasta que mi viejo se fue de su casa a un sanatorio que no pudo sanarlo, y luego de 3 meses de agonía y soledad, se fue, del todo.
Confío en que ahora, hace un ratito, Jaco (o "Yako", como lo escribía mi viejo) se haya ido al mismo "lugar", junto a él, sería un doble alivio saber que siguen siendo de alguna manera, y que se cuidan uno al otro. Y que mi Papá no estará solo nunca más.
Adiós, hermanito, que te moriste viejo, y nos diste tanto.
4 comentarios:
Upa... qué mierda que es todo ¿no? Avanti, muchacha, que el mundo es tan vasto y enorme.
Que ande bien.
Andrés
Gracias por el ánimo, blogamigo.
Pero todo está en su lugar, y sigo en camino.
Un saludo.
Me hiciste llorar Ka.
Para mi, asi como algunos humanos los perros a veces son seres especiales.
Son parte de nuestras vidas y ademas de darnos constantemente lecciones de amistad y lealtad nos dan un amor sincero y desinteresado, aunque un plato de comida o un churrasco nunca les viene mal.
Brindo por Yaco, que por fin se reencontró con su amigo y espero qeu se cruce y le huela el culo a mi Jazz y a Leoncio.,
Te quiero!
Seguro están juntos amiga, y "Yako" no para de mover la cola así. Y así. Para siempre.
Publicar un comentario